jueves, 7 de agosto de 2014

Acepto que soy de Marte


Acepto que soy de Marte. Seguro que pensarán que lo digo haciendo referencia al clásico "Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus", pero no es así. Soy de Marte, porque eso dice mi hermana mayor.
Marciano me dice, con cariño.
Lo dice porque cree que soy diferente a mis otros 4 hermanos (3 mujeres y 1 hombre). Como se dice comúnmente en las familias, creo que salí más Rios que Mayorquín, pero qué puedo hacer, siempre hay una oveja negra en la familia.
Sin embargo, los hermanos Mayorquín Rios compartimos más cosas en común de lo que ella cree. porque ser familia va más allá de tener los mismos genes o personalidades parecidas. Realmente voy pensando que nos hacemos familia a través de las experiencias de vida compartidas, de las vivencias que trascendieron al tiempo, de las anécdotas que dejaron huella. Nos hacemos familia gracias a los recuerdos y a la memoria, gracias al amor y a la paciencia.
Me hice hermano cuando me mandaban de chaperón, cuando nos íbamos en familia de vacaciones o a pescar; cuando comíamos mangos enmielados o camarones secos o capirotada, cuando festejamos los cumpleaños, las navidades y los años nuevos, cuando nos ponemos jodones uno con el otro. Me hago hermano cuando preocupado pregunto por mis sobrinos, cuando charlamos en el whatsapp o les mando memes, cuando expresan "su molestia" porque soy el consentido, cuando me cortan el pelo y comparto mis libros, cuando les regalo salsas y les comparto mi blog, cuando platico sobre mi forma de ser feliz o mis cosas íntimas.
He descubierto, en mi breve experiencia (brevísima diría alguna de mis hermanas, la que acostumbra a quitarse años) como hijo y hermano, tío y tío abuelo que mi familia es perfectamente imperfecta. Tenemos los problemas que tienen las familias, algunos más graves que otros: nos hemos peleado, hemos puesto distancias y silencios entre nosotros, hemos tenido desacuerdos, algunos nos hemos aprovechado de otros. No faltará quien hasta diga que somos una familia disfuncional.
Sea como sea, me gusta ser parte de esa familia. Porque a pesar de todo, reconozco que me quieren mucho y me valoran, y yo hago lo mismo con ellos. Hay disposición de ayudarnos entre nosotros, de apoyarnos para salir adelante, de echarnos la mano en las dificultades. Queremos que los demás estén bien, lo mejor posible. Hay mucho respeto a la vida del otro, a lo que piense, diga y haga, aunque no se coincida.
Todavía no termino de ser hermano, aún tengo que seguir aprendiendo a serlo, aprender a estar con ellos, a seguir disfrutando ser el marciano de los Mayorquín. Todavía hay bromas que no hemos hecho, peleas que no han ocurrido, comidas que no se han cocinado, cumpleaños no cumplidos (y según mis hermanas, que no se van a cumplir nunca) y años que no han terminado.
Contento estoy pues con la familia que me tocó. Me hacen reír lo suficiente para no desear tener otros parientes.