domingo, 22 de junio de 2014

Ya mero te toca

"Ya mero te toca" me comentan algunos amigos y familiares cuando de paternidad hablamos. No termino de descubrir si me lo dicen como una advertencia, para que me ponga a temblar por todo lo que voy a vivir;
o como buenos deseos, para que me ponga contento por lo mucho que voy a disfrutar ser padre; o como una frase de consolación, para que no me sienta mal por no haber podido tener hijos hasta el momento. Como sea, yo sé que lo dicen porque me aprecian.
En general, cuando uno se casa, piensa que ser padre es una cosa que está de la mano con el matrimonio, tan es así que uno realmente no piensa mucho en eso de elegir ser padre. Viene junto con pegado, es el paquete completo. Una cosa debe llevar a la otra como consecuencia natural, como cuando los ingenieros químicos pensamos en que si juntas un ácido y un hidróxido necesariamente obtendrás una sal y agua. Y como soy ingeniero químico, no podía pensar de otra manera: "cuando me case seré una gran padre".
Nadie nos prepara para enfrentar la infertilidad biológica, que resulta ser más común de lo que yo esperaba, pues ahora que soy parte de esa estadística, he conocido a muchas personas que viven esta misma situación o he escuchado historias similares a través de terceros. Nadie nos prepara, porque nadie está preparado para eso. Mis papás nunca me dijeron que ser infértil era una posibilidad y mucho menos me dijeron cómo asumirla y vivirla en plenitud. Y obvio, no los culpo por ello, tal vez no era tan común como ahora o tal vez se platicaba menos del tema que ahora. Por eso es que al principio uno se siente raro, diferente, culpable, incapaz, incompleto. Es difícil no poder cumplir el canon social y por eso uno busca encontrar los medios que le permitan ser quien debe ser: padre biológico a como dé lugar.
Yo pasé por esa etapa frustrante. Intentas muchas cosas y nada funciona; escuchas muchos consejos y tratas de adivinar cuál es el método poderoso que hará que se cumplan tus sueños; miras a tu alrededor y ves cómo surge la vida por todos lados, y mientras te sigues preguntando "¿y por qué yo no?".
Pero si no hubiera pasado por esta etapa, no habría llegado a las preguntas importantes: ¿Quiero ser papá? ¿Por qué quiero serlo? Somos pocos los que vamos buscando respuestas profundas y verdaderas a estas preguntas. Somos pocos los que elegimos ser padres porque entendimos que serlo no es casualidad, ni suerte (buena o mala), ni el matrimonio es "la cajita feliz", que trae el combo esposa-hijos. En resumen, la paternidad es una elección.
Yo elegí ser papá, un papá paciente. No sé cuándo, ni cómo, pero tengo la certeza de que lo seré. Dejé de preguntarme el ¿por qué yo no? y mejor me pregunto ¿por qué yo sí? El haber hecho a conciencia este proceso de elección me ha permitido vivir la espera con alegría y paz, porque también he tenido tiempo de estar un poquito mejor preparado para ser papá. Este tiempo también me ha dado la oportunidad de tener más empatía y ser más generoso. He descubierto nuevas formas de vivir mi paternidad sin ser padre aún. Me he encontrado con personas increíbles en este proceso, que también me inspiran a crecer en todos los aspectos.
También elegí ser papá por adopción. Es una decisión que me hace feliz y espero que a quien me adopte también le haga sentir lo mismo. Así que no yerran mis amigos y familiares cuando dicen "ya mero te toca", aunque ese ya mero pueda durar muchos meses, pues como acostumbran decir las personas involucradas con la adopción, vivimos un "embarazo de elefante", aunque por lo visto se asemeja más al de una salamandra alpina.
Con esta misma alegría, celebro y felicito a todos los que tienen ya la dicha de ser papás. Seguro que eligieron bien. A quienes todavía no han podido o lo están pensando, disfruten mucho su proceso de elección.