miércoles, 18 de junio de 2014

La política, hoy por hoy.

La política, hoy por hoy en México, tiene el grave prejuicio de ser una vocación sólo para los corruptos, para los inmorales, para los egoístas, para los aprovechados y los tranzas. Se le considera un medio para obtener fama y éxito, dinero y riqueza, poder e influencia.
La mayoría de las personas tienen una percepción negativa del político y de su trabajo, pues a lo largo de las últimas décadas se ha acumulado suficiente evidencia de que la mayoría de los funcionarios se aprovechan de sus cargos para beneficiarse o dar beneficio a sus familiares y amigos cercanos, a través de una red de complicidades, de tráfico de influencias, de corruptelas, de acuerdos por fuera de la ley. 
Las encuestas de opinión lo confirman. Palazuelos Covarrubias documenta con mucha claridad esta situación: los partidos políticos son la institución que recibe menos confianza de los ciudadanos en Latinoamérica, con un promedio de 35.8%. En México estamos ligeramente debajo de ese promedio con un 35.3%. 
Pero esta percepción no se limita a los políticos y a sus partidos. La idea de que la política no sirve para lo que debería servir, el bien común, ha permeado tanto en el imaginario colectivo, que, como lo describe Jiménez en un artículo del periódico La Jornada, el apoyo a la democracia mexicana ha pasado del 49% en 1995 a un 37% en el 2013. 
Con apenas estos 2 datos, nos damos cuenta perfectamente de que los políticos no han trabajado adecuadamente para lograr satisfacer las necesidades de la población, lo cual ha redundado en una imagen negativa del quehacer político. Esta imagen puede ser un prejuicio, y como tal, promover generalizaciones dramáticas sobre las personas que han decidido buscar el desarrollo de la sociedad en su conjunto de una forma honesta y decidida, pero de que es una imagen arraigada, lo es. 
Podemos decir muchas cosas de este estilo sobre los políticos, seguir hablando mal de ellos. En buena parte, se lo han ganado con creces. Pero creo que ya es hora de ir cambiando de mentalidad. Es cierto que México necesita buenos gobernantes, buenos políticos, pero más que eso, necesita mejores ciudadanos. 
¿Habrá alguna encuesta de cuánto confiamos en los ciudadanos mexicanos? Si te preguntarán si crees que los ciudadanos, la sociedad civil, cumplirán con el rol que le corresponde, ¿qué dirías? ¿cómo calificas al ciudadano mexicano promedio? ¿Estaría por arriba o por debajo de los partidos políticos esa calificación?
Nos quejamos que los legisladores no revisan las leyes que aprueban, pero nosotros no revisamos el curriculum de por quien votamos. Nos quejamos de los contratos millonarios y con sospecha de corrupción, pero estamos dispuestos a darle una lana al policía que nos debe multar. ¿Así cómo pues?
Tenemos que revirar el estado de las cosas. Dejar de exigir que el gobierno se relacione de una forma diferente con los gobernados, sino más bien cambiar la forma en que los ciudadanos se relacionan con sus representantes y servidores públicos. 
Creo que cuando entendamos esto, México empezará a cambiar para bien.