jueves, 15 de mayo de 2014

Yo no gano más que el Presidente

"Yo no gano más que el Presidente, no estoy en esa lista de maestros". Fue lo que pensé al oír la noticia de algunos datos que analizó el IMCO del censo educativo que realizó el Inegi.
A veces, se me olvida que soy maestro.
Como no soy maestro de profesión, sino un simple ingeniero que pretende compartir algunos conocimientos de calidad y productividad a sus alumnos, a veces dudo si estoy haciendo lo mejor para mis alumnos. Pero por lo menos, no les miento.
Cada vez que empiezo un curso, les confieso a mis alumnos que soy un maestro exigente, con ellos y conmigo mismo. Estoy casi seguro que no me creen hasta que ven la retroalimentación de la primera tarea, algunos no lo hacen, hasta que ya están en la cuerda floja.
Soy muy duro con ellos en esa primera calificación. Destruyo sus trabajos, llenándolos de marcas de colores y comentarios a un costado. Me divierto un poco detectando fallas de ortografía, (en el fondo, lo hago porque le tengo cariño a mi idioma); les hago sufrir un poco obligándolos a escribir apenas 300 palabras en sus conclusiones, y vaya que le batallan (ojalá supieran lo importante que es tener la habilidad de estructurar ideas y ponerlas por escrito, hasta podrían tener su propio blog); les pido que sean más claros con sus procedimientos, porque una tarea no se hace en 3 pasos (con qué frecuencia me topo con personas que no saben pensar de una manera ordenada, lógica, y desarrollar un plan a seguir); les penalizo hasta el 50% de los puntos, si no interpretaron adecuadamente los resultados (porque no quiero que sean unos técnicos, sino unos profesionistas exitosos, capaces de analizar los datos que tienen a su disposición y tomar decisiones adecuadas en situaciones críticas).
Sí, lo acepto, soy un maestro malo. Definitivamente no soy "barco". Pero como maestro no puedo hacer menos. Lo hago por respeto a ellos, porque tienen derecho a una educación de calidad, donde realmente se conviertan en personas que cuenten con las habilidades necesarias para resolver los problemas a los que se enfrentarán. Lo hago por respeto a mi país, porque México necesita profesionistas honestos, que se comprometan a esforzarse y a dar lo mejor de sí, para lograr el nivel de desarrollo que todos deseamos. Lo hago por respeto a mí, porque me sentiría incongruente al aportar menos de lo que puedo. 
¿Que si quisiera ganar más de 600 mil al mes como A. Ramírez Z, el maestro de Oaxaca? Pues quién no, nadie está peleado con el dinero, sin embargo, no doy clases por necesidad. El gusto y la pasión que siento por tratar de que mis alumnos aprendan mis materias, y la satisfacción que me queda después de cada clase son el mejor pago que puedo recibir. La cereza del pastel son los comentarios de los alumnos, cuando reconocen que ha valido el esfuerzo. 
Al final, no tengo la certeza de haber logrado mi objetivo. Una materia aprobada no es sinónimo de un aprendizaje logrado. ¿Habré aportado algo importante a sus vidas, algo que les haya hecho ser mejores personas, aunque sea un poquito? Cada uno de ellos sabrá la respuesta a esta pregunta, cada uno dirá si me recuerda como de los mejores, de los peores, o de los mediocres, aunque sinceramente, espero que no sea en la última categoría. 
Al final, no gano más que el Presidente, pero ser feliz trabajando es una buena paga.